Monthly Archives: agosto 2019

Los chóferes no deben cargar y descargar: ”hay que desterrar estas prácticas”

La Federación Gallega de Transportes de Mercancías (Fegatramer) ha analizado diversas cuestiones que preocupan a los transportistas durante su Asamblea General Ordinaria.

Los profesionales del transporte gallegos pusieron de manifiesto la necesidad de luchar, “hoy más que nunca”, contra prácticas que deberían de estar ya desterradas de la actividad del transporte público de mercancías por carretera, como es la realización de la carga y la descarga de los camiones pesados por parte de los porteadores efectivos, (salvo en las excepciones como la paquetería y mudanzas). “Una labor que muchos transportistas prestan presionados y obligados por sus clientes, bajo la amenaza de no volver darles trabajo”, denuncian. Además recuerdan que estos servicios de carga y descarga no se suelen pagar, y comprometen la seguridad y la salud del conductor profesional.

En cualquier caso, desde Fegatramer no quieren generalizar y puntualizan “que muchas empresas cargadoras de Galicia tienen un comportamiento profesional y no abusan de su posición de superioridad en la relación comercial con el porteador efectivo”.

La estiba 
También y ligado a la obligación de realizar la carga de las mercancías, se suma la realización de la estiba de las mercancías por parte de los conductores profesionales, cuando este servicio, al igual que el de la carga  y la descarga, “salvo en las excepciones como la paquetería y mudanzas, debería de realizarse por personal de almacén formado y especializado en esta operativa, por cuanto además del riesgo intrínseco de la misma, luego tiene repercusión sobre la seguridad del transporte, y posibles daños en las mercancías”, recuerdan.

Pesos y dimensiones, desvíos obligatorios…
La Asamblea General de Fegatramer también considera necesario controlar los pesos y dimensiones de los vehículos porque “en muchos casos se cargan, por necesidades de los clientes, en alturas superiores a lo establecido en el Reglamento General de Vehículos”.
Por otra parte estima que el desvío obligatorio de camiones a las autopistas “no es aceptable y su legalidad es al menos dudosa, como se está poniendo de manifiesto en  recientes sentencias judiciales”. Aseguran que en Galicia no se opondrían al desvío de camiones a las autopistas, “siempre que sea voluntario y con bonificación total de los peajes”.
Los responsables de Fegatramer anunciaron que siguen trabajando para que la Xunta de Galicia impulse la creación de una red de aparcamientos para camiones. Según sus estimaciones, en los próximos 20 años las mercancías que entran y salen de Galicia, por vía terrestre, lo seguirán haciendo entorno al 90% en camiones, “por lo que es urgente invertir en mejorar la actividad del transporte de mercancías por carretera”.

 

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Un camionero salva de morir a un hombre, cuando cientos de coches pasaban sin detenerse en la autopista belga

Un conductor de camiones rumano salvó la vida de un hombre después de que miles de personas descuidadas pasaran por una autopista belga. El camionero bloqueó el tráfico con el camión y comenzó las maniobras de reanimación. Todo, después de que miles de automóviles pasaran sin detenerse.

 

Cătălin Ilie dijo que todos los conductores estaban enfadados porque estaba ralentizando el tráfico aunque salvó la vida de un hombre.

Al lado de la puerta de la derecha había una mujer de unos 45-50 años, muy blanca en la cara, que sollozaba. Entonces, me di cuenta de que las cosas eran mucho más serias que un obstáculo vial. Detuve el camión en su lugar, lo puse a punto y me fui lo más rápido posible para ver de qué se trataba. Al llegar a la escena, veo a un hombre aterrorizado, de unos 50 años, en una silla, con la cabeza en la espalda y que echaba espuma por la boca que apenas respiraba.

 Entonces me di cuenta de la gravedad de la situación.

Me apresuré, saqué el camión del arcén para bloquear el tráfico, para poder evitar que la persona sufriera otros incidentes pero al mismo tiempo para evitarme y no ser golpeado en la carretera por otro automóvil / camión. Logré asegurar el perímetro en el que estaba en el coche.  Apresuradamente tomé una botella de agua y corrí hacia el coche para tratar de mantener viva a esa persona. Estaba empezando a temblar, sudaba, tenía cada vez más miedo de que esa persona muriera y estaba indefenso frente a él.

El hombre ya estaba casi muerto, tenía la cara blanca y un cuerpo tan rígido y tenso que en este maldito día jamás había visto.

Lo saqué del cinturón, revisé su pulso y respiración (muy bajo a ninguno). Comencé a aplicar golpes en su pecho para que su corazón pudiera recuperar los latidos, el ritmo. Su esposa le sostenía por los hombros y lloraba desconsolada.

Ya sentí la presión de la situación, pero también de ella, que estaba asustada, le expliqué que todo estaría bien, que habría que mantener la calma. Solo eran turistas de Lituania. Le hablé en inglés, ella me habló en su idioma.

El hombre había comenzado a teñirse la cara de morado. Le di un poco de agua y comenzó a toser. Buenas señales, el hombre se estaba recuperando. Mientras tanto, ya se había llamado a una ambulancia, y puedo decir que en 3 minutos, se presentaron 2 ambulancias en el lugar con una unidad móvil de intervención rápida y 1 equipo de policía para desviar el tráfico.

Mientras tanto, se detuvo un pequeño automóvil registrado en Bélgica para ayudarme, viéndome allí, mientras luchaba con el conductor.

Cuando las emergencias llegaron a la escena, el hombre se estaba recuperando. Busqué curiosamente en la guantera y allí encontré algunos documentos de identidad y algunas pastillas para el corazón.

Claramente, el hombre tenía una enfermedad cardíaca y estaba al tanto de la situación. Llegaron los servicios de emergencias, saqué al hombre de la silla, apenas lo puse en el carrito, estoy hablando de una persona de 190 cm.

 

Transporté a la víctima a la ambulancia y regresé para sacar el coche de la carretera. A partir de aquí comenzó el tormento. El hombre estaba en estado de shock, comenzó a pelear, a golpear con los pies, porque no entendía por qué lo atamos ala camilla, tampoco donde estaba. Por supuesto, con algunos golpes, logré inmovilizarlo.

Inicialmente, la policía pensó que era un accidente de tráfico entre nosotros dos, luego les expliqué su situación, me estrecharon la mano, me agradecieron la ayuda ofrecida y me dejaron continuar mi viaje.

Me siento extraordinariamente bien, porque logré ayudar a un hombre, salvé a un hombre de la muerte y tal vez tendrá muchos días a partir de hoy.

¿Qué me llamó la atención y me molestó demasiado? En el momento del incidente, podemos hablar de cientos de coches, quizás miles, que pasaron descuidadamente a su lado, que llamaron mientras se apresuraban para llegar a su destino. ¿Llego tarde a algún lugar, y que pasa si llego una hora después?

¿Se ha perdido tanto la conciencia que dejamos morir a un hombre en el pavimento? Para nosotros, tal vez 20-30 minutos no significa nada, pero para esa persona, mis cinco minutos secuestrados de mi trabajo fueron probablemente los más importantes de su vida.

Nos olvidamos de ser humanos, nos volvemos tan fríos que ni siquiera nos importa el que está a nuestro lado, somos fríos, descuidados y odiados. Pero tal vez algún día, serás tú quien necesite ayuda y ¿qué piensas? Todos lo ignorarán y lo llamarán, mientras está acostado en la silla casi muerto y no tiene poder para pedir ayuda.

Me alegra haber podido ayudar, espero que este individuo tenga una vida hermosa y saludable. No extrañé nada que me ayudara. Solo me quité las gafas cuando el tipo comenzó a pegarnos en la ambulancia. Tal vez en un chequeo descubran que él también necesita lentes y los usará con placer. Obviamente, estoy bromeando. Yo, como hombre, he aprendido mucho de mi experiencia hoy. Y aprendí mucho sobre las personas en general. Cuídate, pero cuida a los que te rodean “, dijo el  camionero rumano.

 

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Confirmado: las autopistas de peaje AP-4 y AP-7 serán gratuitas a partir del 1 de enero de 2020

Tramo AP7 a su paso por Girona que se eliminara e peaje en 2021

El 1 de diciembre de 2018 las barreras de las cabinas de la autopista de peaje AP-1 Burgos-Armiñón (Álava) desaparecieron. Fue la primera en ser liberalizada después de que el Ejecutivo prometiera que eliminará los peajes de las autopistas cuya concesión termina entre 2018 y 2019.

Recientemente ha confirmado que las siguientes serán la AP-4 Sevilla-Cádiz y la AP-7 Alicante-Tarragona, que dejarán de cobrar por su utilización el 1 de enero de 2020.

Un paso más para el fin de la reprivatizaciones

Se ha estipulado en el último Consejo de Ministros, donde el Ejecutivo en funciones ha aprobado la licitación de los contratos de conservación y explotación de las autopistas AP-7 y AP-4, ambas de Abertis, y que pasarán a ser gestionadas por el Estado a partir del 1 de enero de 2020.

De esta forma, sacará a concurso los trabajos de mantenimiento que tendrá asumir el Gobierno el año que viene en las dos vías; un coste que asciende a 153 millones de euros.

Por un lado, el contrato de mantenimiento de la AP-7, de 373 km de longitud, asciende a 129,17 millones de euros y afectan a cuatro tramos situados en Castellón, Tarragona, Valencia y Alicante. Por su parte el de la AP-4, de 93,8 km, está cifrado en 24 millones de euros, según Fomento.

En cuanto a los empleos, se subrogarán en los nuevos contratos de concesión y se contratarán en los próximos meses, al menos en los contratos indefinidos.

Co Esteban2013Fuente: Wikioedia/Co.Esteban2013.

La concesión de las tres autopistas restantes, que son la AP-7 Zaragoza-Mediterráneo, la AP-2 Tarragona-La Jonquera y la AP-7 Montmeló-El Papiol, termina en 2021, año en el que puede que tengamos nuevo Gobierno y será este quien decida sobre estos tramos.

Respecto a las nueve autopistas de peaje rescatadas, aún no se ha cifrado de forma oficial la cuantía del rescate, que bailaba entre los 2.000 millones de euros según el Ejecutivo, y los 5.500 millones según Seopan, la patronal de las grandes constructoras.

Desde el 15 de enero, las cuatro radiales de Madrid, algunos tramos de la M-12, la AP-36, la AP-7 y la Circunvalación de Alicante tienen un descuento del 30 %, mientras que en horario nocturno -entre las 0.00 y las 6.00 horas- su uso es gratuito.

A partir de ahora, las autopistas quebradas dependen de la Sociedad Estatal de Infraestructuras del Transporte Terrestre (Seitt).

Con esta bajada, Fomento quiere incentivar el uso de estas infraestructuras para aumentar la recaudación y elevar hasta un 69 % los ingresos, ya que nunca alcanzaron los objetivos que las concesionarias calcularon. En 2008, el desplome del tráfico en estas vías alcanzó el 48,3 %.

 

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El primer maltratado con sosa cáustica hirviendo es un camionero que su mujer le dejó ciego y sordo

Visitamos al camionero de 52 años, todavía convaleciente de las quemaduras que su esposa le produjo con un corrosivo mientras él dormía en la cama matrimonial.

“Me da vergüenza decir que soy un hombre maltratado”, dice. En seis años, 34 hombres han sido asesinados por sus parejas. Aunque muchos menos que las 49 mujeres asesinadas sólo en 2017. La polémica sigue ahí, latente, escondida.

“Me da vergüenza decir que soy un hombre maltratado”. Cara a cara, José Antonio es un ser humano derrotado con 52 años. La sosa cáustica con la que su mujer lo roció mientras dormía le quemó más que la piel. Lo dejó sordo y ciego de un ojo y… le abrasó el corazón. “Yo la quería, la quise desde el primer día, pero después de lo que hizo ya sólo quiero paz, cuidarme y sobrevivir a lo que venga”.

El camionero acompaña su lamento secándose con una gasa la supuración que mana de su ojo izquierdo corroído por la sosa. Catorce años casado con la brasileña Deijanira Nogueira da Silva, 12 más joven que él. No tuvieron hijos. Se conocieron en Portugal, la patria de José Antonio Romao, hijo único de una familia humilde. Se enamoraron rápido y los dos decidieron cruzar la raya en busca de una vida en común más holgada. Y, a decir verdad, lo consiguieron. Recalaron en Archena, municipio murciano con 18.734 almas y en el que echaron raíces hace una década. Él, habilidoso con el volante y muy trabajador, se vino primero. Con una maleta de ropa y 300 euros en el bolsillo.

Dejaba atrás dos hijas fruto de un primer matrimonio fracasado. No tardaría en encontrar empleo como conductor de grandes camiones. Ella, sin oficio, llegaría después y se encargaría de las labores del hogar. El sueldo de José Antonio daba para los dos “sin apreturas”. Él se compró un adosado de dos plantas en el pueblo. “Teníamos una vida normal, encarrilada”, dice el hombre todavía vendado de cintura para arriba a causa de las quemaduras del corrosivo que le lanzó su esposa en la misma cama matrimonial.

Vivir en la oscuridad

El martes lo visitamos en su vivienda, estaba solo y a oscuras, con las persianas bajadas. En su interior no hay lujos. Al contrario. Los muebles parecen sacados de un desván. José Antonio vive literalmente a oscuras. Camina despacio apoyándose en una muleta. Nos invita a sentarnos mientras se acerca al sofá para tumbarse: “No soporto la claridad, me hace mal en los ojos, sobre todo en éste, el izquierdo, que me quedó sin visión. Hasta la piel del resto del cuerpo me duele con la luz del sol que entra por las ventanas. Por eso tengo que vivir en la sombra, con las persianas bajadas para protegerme”.

El muslo de la pierna derecha lo lleva cubierto por una gasa. La cicatriz le tira cuando se levanta o camina. Pone cara de dolor. Cojea. “De esta pierna me sacaron piel para hacerme un injerto en la cara”, explica el primer hombre maltratado con sosa cáustica en España. A veces se queda en blanco, sin saber qué decir, como si las imágenes de aquella noche de mayo corrieran por su mente a más velocidad que las palabras. Entonces vuelven a aflorar las lágrimas, los recuerdos de aquel dolor inhumano, las súplicas a la esposa para que dejara de echarle la sosa que ella previamente había diluido en una “jarra con agua hirviendo”.

“¿Qué clase de ser humano puede hacer eso, Dios mío?”, reflexiona Romao con la voz entrecortada por la angustia.

Era el 14 de mayo. Entre las tres y las cuatro de la madrugada. José Antonio, al que le esperaba un largo viaje al día siguiente, estaba durmiendo profundamente cuando de pronto se despertó sobresaltado por el dolor. «Al abrir los ojos y verla allí, al lado de nuestra cama, con una jarra en la mano cuyo contenido ella estaba derramando por mi cuerpo, me dolía tanto que únicamente pude gritarle: “¡Para ya, para, para, por favor!”. Pero ella, según la víctima, seguía echándole encima aquel líquido corrosivo.

“”¿Por qué lo haces, por qué?”, le pregunté”.

“Ahora te voy a dejar guapo para tus amigas”, recuerda que le contestó su mujer. “Yo intenté ir al cuarto de baño para meterme en la ducha pero ella no me dejaba… El dolor que sentía era tan fuerte que me paralizaba. Me quedé sin fuerzas”.

Los gritos de socorro alertaron a una vecina que al instante avisó a la Guardia Civil. El propio José Antonio bajó de la habitación a abrirles. “Cuando me vieron todo quemado y sangrando por la heridas de la piel se quedaron impresionados, sin habla. Parecía un Jesucristo. Les conté lo que había ocurrido y subieron a por mi mujer”.

La sábana como testigo

Deijanira lo negaría todo. “Le tiré el ácido por accidente y traté de ayudarle cuando lo vi sangrando”, dijo en su descargo a los agentes, a quienes sin embargo no convenció la versión de la esposa. Tampoco a la Policía Científica que peinó toda la casa, principalmente la habitación donde Deijanira había consumado la agresión. El cuerpo sudado de José Antonio había dejado una especie de silueta impresa en la sábana que, unida a la posición en la que estaba acostado y a la localización de las heridas causadas por la sosa, completaron el retrato veraz de lo que allí acababa de ocurrir.

Durante los 15 días que permaneció ingresado, los siete primeros en la UCI, José Antonio cambió de piel tres veces. “Me vendaron como a una momia”. Los médicos incluso llegaron a temer lo peor, que contrajera una septicemia, uno de los mayores riesgos de las quemaduras.

Ella lo que quería era dejarme desfigurado para que nadie nunca más me quisiera -saca en conclusión José Antonio, que también perdió el oído derecho (lo lleva tapado a modo de cura) debido al corrosivo que le destrozó, asegura el camionero, el canal auditivo.

Deijanira, sin argumentos que la exculparan, fue detenida y enviada a la cárcel murciana de Sangonera, donde sigue presa de manera preventiva hasta que se celebre el juicio. Aunque en este caso, al ser el hombre la víctima, la ley de violencia de género no le ampara ya que en España se aplica exclusivamente a las víctimas de maltrato pero no al hombre cuando es él el agredido. Y José Antonio dice sentirse en ese aspecto desamparado. Porque el hombre maltratado también existe. Se trata de una realidad silenciosa/silenciada; de hecho, no es algo extraño o menos cierto que hay hombres que mueren a manos de sus mujeres o sufren los malos tratos de sus parejas femeninas: seis murieron en 2010, cinco en 2011, cuatro en 2012, seis en 2013, ocho en 2014, cinco en 2015. En total, 34 en seis años, según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Aunque muchos menos que las 49 mujeres asesinadas sólo en 2017. La polémica sigue ahí, latente, escondida. Como la historia que aquí se cuenta. Una mujer quema con líquido corrosivo a su marido en Murcia, pero la noticia no salió de la región.

“Un hombre maltratado es una víctima, no un masoquista ni un calzonazos”. Son palabras del doctor en Psicología y profesor en la Universidad de Málaga Fernando Chapado, quien, en colaboración con la Asociación de Custodia Compartida de Málaga, ha elaborado un cuestionario para ayudar a los profesionales a identificar y tratar estos casos. Consta de seis apartados o categorías: maltrato psicológico orientado a la dependencia emocional, maltrato psicológico orientado a la dependencia económica, chantaje emocional orientado al control psicológico, maltrato psicológico por amenazas orientado a producir terror, violencia sexual y, por último, maltrato o violencia física. “Es un error identificar cualidades o defectos con los sexos”, advertía en declaraciones al periódico digital La información. “Se identifica la ternura con la mujer, y la agresividad con el hombre. No tiene por qué ser así. Eso es estigmatizar”, asegura. En Reino Unido, por ejemplo, una campaña bajo el título Violencia es violencia ponía de relieve que el 40% de las agresiones en el ámbito doméstico las sufren los hombres.

Fue en febrero, al regreso de José Antonio de un largo viaje por Centroeuropa al volante de un camión, cuando la relación entre la pareja, sin denuncias previas por ninguna de ambas partes, entró en una fase crítica. Ese día, según relata a Crónica, su mujer lo amenazó con una estaca y un cuchillo. Fue cuando empezó a “sentir miedo de verdad”. Ya no eran sólo celos: “Te ha gustado esa chica, ¿verdad que sí? Pues lleva cuidado con lo que te vaya a gustar”, recuerda José Antonio la amenaza velada que solía lanzarle su esposa cuando él miraba «sin más» a una mujer. El motivo que al parecer enfureció aquella vez a Deijanira era la dirección de una asociación de hombres maltratados que ella había encontrado entre unos papeles de su esposo. Ese día los gritos e insultos habituales se convirtieron en una amenaza que José Antonio ya no iba a superar. «Cuando me sacó el cuchillo -asegura el hombre- me di cuenta de que todo había terminado». Él le planteó que estaba dispuesto a separarse. Es más: “Le dije que no se preocupara, que se quedaría con la casa y con todo lo que legalmente le correspondiera”.

La separación

La confianza y la complicidad, si alguna vez existieron entre los dos, se tornarían en supuestas agresiones verbales y físicas por parte de la esposa. “Cuando el dinero escasea todo va a peor. Y en parte fue lo que pasó”, admite Romao. Celos y dinero. Una bomba. “Sí, fue una bomba que nos estalló en casa. Un infierno que terminó quemándome… Entonces le propuse que nos separásemos, que yo ya no quería seguir con ella en esas condiciones. Y se puso como una fiera. Su comportamiento obsesivo empeoraba cada día porque ella no aceptaba la idea de la separación. La noche que me amenazó con un cuchillo creí que era la última para mí”, remata el bueno de José Antonio.

A mediados del pasado mes de abril, al ver que la relación se volvía cada vez más agresiva, una trabajadora de Cruz Roja le recomendó que se pusiera en contacto con una asociación de hombres maltratados. Al hombre le enviaron un breve manual con orientaciones legales básicas y de comportamiento en estos casos. Pero José Antonio lo guardó. Aún creía que las cosas terminarían arreglándose entre su esposa y él. Pero cuando quiso abrirlo ya era tarde. Su mujer lo cazó mientras dormía en la cama matrimonial y quemó su cuerpo con sosa cáustica. El calvario para José Antonio no ha terminado. Tiene que volver al quirófano. Y con la incertidumbre de no saber con certeza si le podrán revertir la ceguera que le provocó presuntamente la mujer a la que amaba.

Antes de despedirse de Crónica vuelve a secarse las lágrimas y, ya en la puerta de su adosado, deja caer: “Esta es mi historia, ¿qué le parece? Negro, ¿verdad que sí”». Y tras un suspiro, llega un lamento en voz baja: “Me da vergüenza decir que soy un hombre maltratado”.

 

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Nueva estrategia de radar doble de la DGT: «como si te sancionasen dos veces por la misma cosa»

«Es increíble, como si te sancionasen dos veces por la misma cosa», explica una conductora

 

«Es increíble, como si te sancionasen dos veces por la misma cosa», explica una conductora. Y es que lo que parece ser una nueva estrategia de la DGT para controlar la velocidad en carretera ha sorprendido esta semana a los usuarios de la autovía del Cantábrico A-8.

Lo contaba este fin de semana el diario El Comercio. Los dos aparatos fotografiaron el vehículo de esta conductora circulando a 115 y 112 kilómetros por hora, es decir, por debajo de la velocidad genérica para autovías pero por encima de la limitación en esos tramos. Las dos denuncias se cursaron con cinco minutos de diferencia y se las acaba de encontrar en el buzón. «Llegan en sobre sin certificar, sin aclarar en qué fecha la dejaron, lo que te impide pagar la sanción por internet», lamenta. «Es verano y mucha gente está fuera de casa. Yo tuve suerte de pasar por esta vivienda», explica. Al ir a pagar en el banco la entidad le confirmó que en las últimas semanas llevaban media docena de casos similares.

El pasado mes de marzo, el director general de Tráfico, Pere Navarro, desveló uno de los trucos que está empleando la DGT para conseguir disminuir la siniestralidad en las carreteras. Navarro confirmó que las cajas con señalización de radar no siempre contienen dentro uno, pues «con solo el cartel de aviso de radar surte efecto», ya que recuerda que el objetivo de la DGT es que la gente aminore la velocidad cuando avista un cartel, y no poner denuncias.

La Dirección General de Tráfico (DGT) tiene repartidos en toda España 634 cajetines de control de velocidad, pero solo cuenta con instrumental para mantener operativos 366 de ellos. Tal como informa El Comercio, para amplificar su efecto disuasorio lo que hace es rotar los cinemómetros de forma aleatoria para evitar que los conductores sepan dónde funcionarán la próxima vez.

Hay pocos aparatos y por eso es más extraño lo que están encontrándose en las últimas semanas los conductores. En la autovía del Cantábrico (A-8) la DGT ha activado dos radares seguidos. Ambos están en Villaviciosa, en la calzada hacia Gijón, y se mantienen a una distancia de 8,6 kilómetros. Los tramos a los que apuntan tiene una limitación de velocidad de 100 kilómetros por hora y un túnel de separación, Niévares, a 90. La consecuencia para quien los excede es que en lugar de una, acaba llevándose dos multas.

De momento, no se tiene constancia de que este método se vaya a utilizar en otras vías o regiones españolas, aunque la Policía Foral de Navarra ya está empleando un sistema muy similar: los radares en cascada.

Para detectar las infracciones de quienes circulen por encima del límite de velocidad establecido, el método de los radares en cascada consiste en colocar un cinemómetro móvil unos metros más allá del radar fijo y sirve para detectar a los conductores que sobrepasen el límite de velocidad permitido.

 

Así funcionan los radares en cascada

1.301 radares en España

España cuenta en la actualidad con un total de 1.293 radares en sus carreteras. De todos ellos, 661 son fijos, 68 de tramo y 572 móviles, según datos oficiales de la Dirección General de Tráfico (DGT) consultados por Europa Press.

Con motivo de la Operación Salida del verano, el director general de Tráfico, Pere Navarro, anunció que se pondrían en funcionamiento 20 nuevos aparatos, con la idea de sumar para final de año 78 radares más. Esta veintena de instrumentos comenzaron a operar el 1 de julio. Todos ellos son radares fijos y 16 de ellos están colocados en nacionales. El resto, cuatro, están situados en vías autonómicas.

Como ya adelantó Navarro en una entrevista para Europa Press en marzo de este año, la DGT no tenía previsto lanzar «grandes planes de expansión de radares», pero sí admitió que el organismo que dirige preveía continuar poniendo más radares en aquellos tramos o lugares donde pudieran ser «útiles», pues recalcó la importancia que tienen estos «para la seguridad de los conductores».

Todos estos radares se encargan de vigilar a los conductores por si estos realizan algún comportamiento indebido en la carretera. Pero la DGT también dispone de cámaras de vigilancia, helicópteros o incluso drones. De hecho, desde este 1 de agosto, con motivo de la Operación Salida de agosto, tres de estos drones comenzarán ya a denunciar a aquellos conductores que infrinjan la normativa de tráfico y seguridad vial.

 

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