De jugar en el Real Madrid a ganase la vida de camionero

 

De cara a la temporada 2002/03, el Real Madrid formó una plantilla que daba realmente miedo. Y es que en su once de gala, Del Bosque tenía a estrellas de la talla de Zidane, Figo, Roberto Carlos, Raúl y Ronaldo, entre otros.

 

Pues bien, con todos ellos tuvo el placer de entrenarse Aimar Centeno, un joven argentino que fue elegido como el mejor futbolista de los más de 12.000 chavales que se presentaron a un programa de televisión argentino llamado Camino a la gloria. Se trataba de un reality show que ofrecía como premio poder hacer unas pruebas en el Real Madrid y optar a un contrato.

 

Por aquél entonces, Centeno tenía apenas 16 años. Superó a todos sus contenidientes y se ganó la oportunidad de trabajar con los mejores futbolistas del momento. “Fue algo impensado para un chico de 16 años. Butragueño y Valdano me recibieron. Recuerdo que le di la mano a Makelele y a Ronaldo. También hablé con Del Bosque y Cambiasso. Fue una experiencia muy agradable”.

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Una lesión en el aductor, su perdición Sin embargo, dicen que lo que fácil viene, fácil se va. Y eso es lo que le pasó al joven argentino, que se lesionó en su primer entrenamiento. “Me ha dado un pinchazo en el abductor y apenas he podido entrenar”, comentó entonces. “Aún no ha terminado el plazo”, añadió.

 

Pero pese a confiar en sus posibilidades, Centeno pasó con más pena que gloria por Valdebebas. Su lesión le negó la posibilidad de dejarse notar y no pudo convencer ni a Del Bosque ni tampoco al entrenador del filial.

 

Otra prueba en River Plate Así pues, tras un paso muy fugaz por el Real Madrid, el futbolista sudamericano regresó a su Argentina natal y probó suerte en River Plate, que le ofreció unas pruebas para jugar en el segundo equipo. Allí buscó de nuevo la fortuna e incluso jugó con Falcao y Augusto Fernández, pero tampoco destacó.

 

 

Entonces, encontró su lugar en el Chacarita, donde jugó una temporada en sus categorías inferiores. Al terminar la liga y apenas dos años después de haber sido la figura más destacada de Camino a la gloria, Centeno colgó las botas a nivel profesional: “Quedé libre a fin de año en Chaca y no quise jugar más”, explica.

 

Su presente, en la carretera Después de rozar la gloria con la yema de los dedos, decidió cambiar por completo su estilo de vida, así que se puso a trabajar y compaginó sus diferentes empleos con la práctica del fútbol en equipos de categorías menores. Así pues, ejerció de vendedor de refrescos, de conserje y hasta de dependiente en una droguería.

 

Ahora, en pleno 2017 y 15 años después su sueño fallido, Aimar Centeno tiene 31 primaveras se gana el pan como conductor de camiones pesados, con los que recorre una media de 1.000 kilómetros diarios. Según dice, todavía algunos le reconocen por la calle, pero tiene una “espina clavada” por no haber podido convertirse en futbolista profesional.

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