Veraneantes se quejan del ruido de las cosechadoras durante las vacaciones en el pueblo

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Un par de modernos matrimonios decidieron hacer turismo rural con sus hijos durante las vacaciones (lo que toda la vida se llamó irse al pueblo en verano).

Esas dos parejas están muy concienciadas con los problemas que afectan a nuestra generación: en las redes sociales son veganos, ecofriendlies, apoyan a la «España vaciada» y defienden al trabajador.

Todo eso hasta que un agricultor vio que el grano del cereal que meses antes había sembrado estaba en el momento apropiado para su recolección y, en vez de esperarse unas semanas a que los turistas volviesen a su ciudad, tuvo la osadía de cosecharlo en el momento adecuado.

El ruido de la cosechadora perturbó la hora de la siesta de los turistas y el baño de los niños (que, como todo el mundo sabe, se bañan en silencio, sin hacer ningún ruido). Así que, ni cortos ni perezosos, explicaron a sus hijos que ese malvado agricultor usaba sus vacaciones para estropear el paisaje con ruidosas máquinas, que debían odiarle por ello y mostrarle su aversión con un obsceno gesto.

En ese momento los padres inmortalizaron su obra y la subieron orgullosos a las redes sociales. Gracias a ese acto podemos comprobar lo gilipollas que se está volviendo la civilización occidental.