Un camionero halla a un hombre con las manos cortadas y amarrado a una pérgola en Cartagena

Fue un camionero que atravesó un camino rural, que une los caseríos de El Castillejo y Los Simonetes, quien dio la voz de alarma a las autoridades. Por la mañana, al cruzar la zona creyó ver a través del vallado de la finca a alguien en actitud de tomar el sol. Para tratarse de febrero, la temperatura era suave y, de hecho, alrededor de la casa, junto a tierras de cultivo, el paisaje ofrece la idílica imagen de numerosos almendros en flor. Horas después, sin embargo, llegó el crudo contraste con la realidad de un asesinato.

Casi tendido y semidesnudo en un porche, junto a una piscina, con la cara ensangrentada, el torso envuelto en un plástico, atado con bridas a un poste de la pérgola con las dos manos salvajemente amputadas. Torturado, asesinado y, en apariencia, fríamente exhibido al primero que pasara por la zona, como queriendo que el cadáver sirviera rápidamente de mensaje para alguien relacionado con la víctima. Así encontraron ayer agentes de la Policía Local de Cartagena el cuerpo sin vida de un hombre de unos 40 años de edad, y que, según fuentes del caso, es originario de Lituania, en una finca de San Isidro, un paraje situado a pocos kilómetros de La Aljorra.

 

La casa, donde la víctima vivía de alquiler junto a otros tres hombres, fue utilizada presuntamente para el cultivo ilegal de marihuana. Por eso, todo apunta a que el móvil del crimen es un ajuste de cuentas vinculado al tráfico de drogas. En concreto, la investigación se centra en bandas mafiosas del norte y este de Europa, debido al origen de la víctima.

Hacia las tres de la tarde, el mismo transportista observó que la persona divisada horas antes desde su vehículo seguía en igual posición. Aquello no le cuadraba y dio el aviso. De inmediato, una patrulla de agentes municipales se personó en el chalé y se topó con la macabra escena. En una zona al aire libre de la vivienda, donde solo había un perro pequeño (del que luego se hizo cargo personal del centro municipal de animales), el hombre estaba boca arriba. No tenía más vestido que unos calzoncillos, estaba amarrado a una columna y presentaba signos de violencia en su cuerpo. Además de sangre en el rostro, el más brutal era que le habían cortado las manos. De la investigación de los hechos se hicieron cargo, a partir de entonces, funcionarios de la Policía Judicial de la Guardia Civil. Los agentes de Criminalística llevaron a cabo tanto una inspección ocular como una toma de muestras biológicas y de diverso material documental (como fotografías), que ahora serán sometidos a un exhaustivo examen. En estas primeras diligencias se incluye también la toma de declaración al camionero que informó a la Policía y a otros testigos.

Un coche descapotable

Fuentes conocedoras de estas pesquisas indicaron a ‘La Verdad’ que el crimen tuvo lugar entre uno y dos días antes del hallazgo. Esta teoría deberá ser corroborada o descartada, ahora, por los forenses del Instituto de Medicina Legal de Cartagena a través de la autopsia al cuerpo.

Este fue trasladado en un furgón del servicio funerario judicial hasta las dependencias forenses del Ministerio de Justicia, situadas en el barrio de Lo Campano. El levantamiento del cadáver fue autorizado por el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de la ciudad, en funciones de guardia. Se trata del mismo magistrado que, el pasado sábado, tuvo que hacerse cargo de la investigación sobre el fallecimiento de cinco jóvenes de Torre Pacheco en el accidente de tráfico a las afueras de La Palma.

Vecinos de las inmediaciones, conmocionados por lo ocurrido, relataron que en la casa vivían desde hace más de un año cuatro individuos originarios de Europa del Este, y que otro, del que se sospecha que podría ser el jefe de una trama mafiosa, entraba y salía en un coche descapotable. En este enclave del Campo de Cartagena, que ofrece discreción para posibles negocios ilegales, los vecinos comentaban también que el pasado verano las plantas de marihuana sobresalían de la valla. Según los testimonios recogidos por este diario, la finca es propiedad de un médico afincado en Madrid, quien hace unos meses tuvo incluso problemas para que sus inquilinos le dejaran acceder al inmueble.

Laverdad.es