Un repartidor denuncia que trabaja 230 horas al mes por 600 euros: “Almuerzo en el furgón”

En plena vorágine de compras de Reyes, un jerezano relata sus maratonianas jornadas laborales casi sin declarar, lo que provoca que tampoco vaya a ser beneficiario de la recién estrenada subida del salario mínimo. “La mayoría de las empresas de paquetería están igual”, recalca

 

P. —nombre ficticio— ha percibido 612 euros en su nómina este mes. En plena vorágine de compras compulsivas en la víspera de Reyes, es lo que le queda después de más de 200 horas de trabajo. Y él es uno de los precarios que hará posible que muchos regalos lleguen a los hogares en tiempo y forma. En redes sociales, una subcontrata con sede en Jerez que trabaja para una conocida empresa de paquetería a nivel nacional, reconoce sentirse “orgullosa” de sus trabajadores, a los que dice respetar y en los que dice confiar. Pero P., que tiene otro empleo durante el fin de semana para poder llegar a fin de mes, no piensa lo mismo. Su jornada laboral comienza a las siete y media de la mañana. Desde ese momento y hasta las siete de la tarde no para, casi ni para almorzar.

“Yo no quiero denunciarlo, pero quiero que al menos se sepa. Investiga por ahí…”, declara a lavozdelsur.es en referencia a su empresa, con miedo a ser despedido por su situación de vulnerabilidad. “Tío, me vas a meter en un marrón. Ya sabes, los seguros sociales… esas cosas. La mayoría de las empresas de mensajería están igual”, confiesa. “Los que van por la noche están asegurados cuatro horas y se comen mil kilómetros en una noche”, lamenta, dando a entender que su situación, que ya es decir, no es la peor. “Luego el dueño va roneando con un Audi y un Rolls-Royce sport con un vacileo…”, remarca indignado.

Un camión transitando por las calles de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

Él sufre lo mismo que sus compañeros: su contrato es sólo de cuatro horas semanales y su salario ronda los 600 euros a razón de once horas y media al día cinco días a la semana —pese a su situación laboral muestra satisfacción por no trabajar los sábados y los domingos para poder desempeñar otro empleo—. En neto, a P. no le salen las cuentas. El salario mínimo que el Gobierno central ha aprobado para este 2019 no le sirve porque “como muchos trabajadores” él no está trabajando por las horas que realmente su empresa declara. Ni los seguros sociales ni su nómina reflejan la realidad en la que vive.

“Almuerzo en el furgón mientras reparto”, se queja. Su salario no llega ni siquiera a los tres euros por hora trabajada. Con un total de 57 horas y media a la semana, aproximadamente unas 230 al mes —dependiendo de la época del año— las cuentas dan poco más de dos euros y medio la hora. “Si no hago esto, no llego”, dice en referencia al segundo trabajo que desempeña los fines de semana. Desde las ocho de la mañana hasta que anochece, hace labores de albañilería allí donde puede. Mientras se retira para hacer mezcla y no perder ni un minuto más de un tiempo que no le sobra, el trabajador confiesa a este medio ser víctima de “la trama de las cuatro horas”. Una realidad que vive día a día y que no cesa. “Son empresarios que tienen explotados a sus trabajadores”, concluye. “Esto es un descontrol”. Al otro lado, su empresa, que dice ser partícipe del trabajo de los Magos de oriente este seis de enero. Los ayudantes de Melchor, Gaspar y Baltasar cobran menos de tres euros la hora.

 

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HI

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