La soledad del camión también “mata” poco a poco…

Raza de duros obreros de la carretera.

La vida la de un camionero es muy dura. La ausencia lejos de su familia, las horas que se trabaja, pero lo peor de todo es la SOLEDAD, al pesar de las técnicas y sus adelantos. Pero la tecnología no puede compensar el más apreciado tesoro: estar con tu familia. Una llamada o un correo electrónico no pueden sustituir un abrazo. Se comunica todos los días con su familia, para confirmar “ que no hay novedades en el frente”. Suele bromear,”La mejor noticia es que no hay noticia.” Cocina y duerme en el camión, se ducha en las áreas de servicio, donde hace los correspondientes descansos.

 

Hoy está bastante pensativo. Tiene claro que va a pasar alrededor de dos semanas fuera de casa. Sabe que no verá a su Familia. Sabe que tiene una vida muy diferente al resto de personas. Es dura y los horarios de trabajo son completamente anárquicos.«Buenas tardes, compañeros. ¿Cómo estamos?», Saluda a los trabajadores de la empresa donde va a cargar.. Allí bromea con ellos Una vez cargado el camión, se toma un café. Es el principio de un largo viaje que lo mantendrá ocupado varios días.

 

Lo primero que hace nada más subirse al vehículo es introducir su tarjeta identificativa en el tacógrafo. Es el aparato que registra los tiempos de conducción, de descanso, los kilómetros que recorre el camión, la velocidad a la que circula en cada momento y las infracciones que el conductor puede cometer. Según el «Es mi policía particular», . «Los agentes pueden controlar a través de este artilugio lo que el camionero ha hecho en los últimos 28 días. Todos los viajes de un año se quedan grabados».

 

Comienza el viaje y el camión no sobrepasará en momento alguno los 90 kilómetros por hora porque tiene instalado un limitador de velocidad. Para los recorridos largos, prefiere circular por carreteras nacionales en vez de hacerlo por autopistas. Dan menos sueño. Las nacionales no son aburridas y uno se entretiene más. El sueño es muy traicionero.

Tras una tarde larga en carretera, detiene el camión en un área de servicio. Es momento de descansar un poco y llevarse algo a la boca. ¿El menú? Tortilla de patatas, coca cola y un café. Su objetivo es continuar hasta donde pueda y pasar la noche allí.

Reanuda la marcha. Las horas comienzan a hacerse un tanto pesadas. Busca la mejor área de descanso para pasar la noche: Una vez dentro, aparca entre un camión y un autobús, y retira su tarjeta de conductor del tacógrafo. Prepara la cama y cierra las puertas con todas las medidas de seguridad. Está cansado. Se pone el pijama, se acuesta y cierra los ojos.

Después de pasar la noche, se ducha en el área de servicio, vuelve al camión y abre un compartimento del lateral del vehículo. Ahí tiene un camping-gas, todo tipo de especias, servilletas, platos, sartenes y demás enseres para cocinar, porque no le gusta alimentarse en bares de carretera, ya que «sale caro».

Prepara un desayuno a base de huevos fritos con jamón, un batido verde elaborado con perejil, espinacas, brócoli, pera, naranja y plátano, y para terminar, café. Tiene que coger fuerzas porque en unos instantes se subirá de nuevo al vehículo para dirigirse a Francia.

Conduce unas horas hasta llegar a la frontera por Irún. Comienza a caer una fina lluvia. Coge el teléfono y llama a su familia. «Estoy bien, cariño. Voy a entrar en breve a Francia.

El vehículo sigue haciendo kilómetros hasta la hora de comer hoy va a preparar: bacalao con tomate y pimientos asados. Desayuna, come y cena en el camión porque se alimenta de forma más sana que si lo hiciera en un bar de carretera. Es más barato. Si ya de por sí está lejos de casa, intenta que su trabajo merezca la pena económicamente.

 

La ruta continúa. Antes de acostarse, le da un bocado a una tostada de queso con membrillo y se bebe un yogur. Uno de los peligros a los que siempre esta expuestos es a los robos de las bandas organizadas. Se llevan palés o el gasoil mientras duerme.

Se, pone en su ordenador portátil ‘Jungla de Cristal: Un buen día para morir’. Le gustan las películas de «acción y disparos». Pero no termina de verla. Está bastante cansado y se duerme.

Otra vez a madrugar, desayuna, la adquisición de las tasas para circular por Bélgica y Holanda, y otras tantas horas, hasta que llega a Holanda, donde descargará. Una vez aparcado el camión, Le informan de que tiene que descargar a las siete de la mañana.

 

Hoy tiene suerte puede cenar con otros compañeros (comentan lo mal que está el trabajo) se va a su vehículo y carga en su portátil ‘Mentiras Arriesgadas’. El sueño le puede. Se acabó la peli. Cierra los ojos.

Se despierta a las 06.30 horas. Descargan la mercancía y toma un café. Está inquieto. Aún no sabe donde le mandaran. Aprovecha para descansar mientras recibe órdenes. El es un superviviente, un explorador un hombre que lo arregla todo con casi nada. Pasa su vida en dos metros cuadrados, duerme poco y trabaja mucho. Su mayor castigo es estar separado de sus seres queridos.

Viaja ligero de equipaje. Se adapta al entorno, tiene pocos pelos en la lengua, le jode mucho las injusticias. Se juega la vida a diario y se deja la piel para llegar puntual a su destino.  Nunca ha dudado en luchar contra aquellos que desde hace mucho tiempo pelean por dividirlos como colectivo, porque sabe que si están unidos y luchan todos juntos, pueden paralizar el país.

Ve el mundo a través de su cabina. Recorre miles de kilómetros sentado en su sillón. La vida pasa y queda. Los meses transcurren entre asfalto y soledad, con la radio y los recuerdos como única compañía. Es la rutina de un trabajo cargado de humanidad donde la soledad es compañero y recurso para seguir adelante.

Duerme, noche tras noche entre cuatro hierros, mientras, la gran mayoría de las personas están en sus casas, descansando al calor de la familia.

A veces se pone enfermo a cuarenta de fiebre en el interior de su camión, con una temperatura exterior de cinco grados bajo cero, se viene abajo y piensa si vale la pena, tanto sufrimiento. Piensa en que nadie respeta una profesión, que es todo sacrificio, la cual, la única recompensa, que tiene…“Es poder volver, a casa, sano y salvo.

 

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