Dirigido al señor camionero: Que sepas que me salvaste la vida, que tienes un corazón que no te cabe en el pecho, hablaré de ti cada vez que aparezca la palabra bondad.

Dirigido al señor camionero

El pasado 23 de octubre sobre las 21h tuve un accidente de tráfico en la autovía Jaén – Granada.
Estaba lloviendo mucho, era ya noche cerrada y los limpias a todo tren. De repente visualicé dos lucecitas rojas muy bajas a escasos 100 metros. Era un coche de árabes cargado hasta los topes, (por favor no lo interpretéis en tono racista porque no es mi intención, pero el 99,9% de los coches que yo he visto así han resultado ser de ellos), del año de la tana, circulando a menos de 60 kilómetros por hora ¡¡¡Por una autovía!!!
No lo pude esquivar y al intentar adelantarlo, les di y me estampé contra el quitamiedos de la mediana. Salí a duras penas del vehículo porque ni tan siquiera sé cómo logré sobrevivir. El coche siniestro total.


Por suerte para mi, vino justo detrás mía un camión y el conductor se paró a socorrerme. Paró el tráfico, me ayudó a salir, a respirar, me dijo que todo estaba bien, me dio agua. Llamó a la guardia civil y a la ambulancia. Y se esperó conmigo hasta que todo pasó.
Por desgracia y con la conmoción olvidé preguntarle el nombre para poder darle las gracias, porque sin conocernos de nada, hizo de padre, de enfermero, de policía y de psicólogo.

Ojalá consiga llegar a ti este texto. Que sepas que me salvaste la vida, que tienes un corazón que no te cabe en el pecho. Que hablaré de ti cada vez que aparezca la palabra bondad. Gracias, gracias y gracias. Ojalá en el mundo más personas como tú.
Os agradecería que lo compartiérais para ver si consigo hacérselo llegar y encontrarle. Muchas gracias.

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