«Camionero por un día». No creas nunca que ser camionero es fácil

«Camionero por un día». No creas nunca que ser camionero es fácil

Raúl era un chico soñador a sus quince años quería ser futbolista como casi todos los chicos de su edad, en unos pocos años terminaría el colegio y tendría que ponerse a trabajar, tenía la oportunidad de estudiar una carrera para ser un profesional de éxito, pero él no estaba por esas, el no quería pasar cinco años o más estudiando algo que no sabía si después le gustaría, además de ser una carga para sus padres que a malas penas podrían hacer frente a unos estudios fuera de su pueblo.

Raúl quería terminar el colegio obligatorio y trabajar ya, lo antes posible, para tener dinero fresco con el que hacer lo que más le gustaba en la vida, comprarse un coche y conocer chicas para salir de fiesta sin parar todos los días de su vida, pero a su edad Raúl no veía la realidad de la vida y lo duro que es labrarse un futuro por precario que fuese.

En las vacaciones de verano Raúl hacia autoestop para que alguien le llevase al cercano pueblo costero donde se «partía el bacalao» en tema de fiestas y ligoteo, lides en las el apuntaba maneras de ser un verdadero maestro gracias a su gracejo, su metro ochenta y su cabeza rapada casi al cero lo que le facilitaba sobremanera en ocasiones el incierto trabajo de la aproximación al género contrario.
Pasaron dos años y ya no tendría que volver a la aburrida rutina del colegio, sus padres le apremiaban para que buscara un trabajo pero él no encontraba nada que fuera de su agrado. un día cuando hacía dedo paró un camionero perdido que preguntaba por la dirección de una industria, Raúl le llevó al sitio a cambio que éste le hacercase de paso al pueblo que por suerte le pillaba de camino. Al muchacho le impresionó el tamaño del vehículo y como se veía todo desde la cabina.

Desde ese día solo quería ser camionero, pero Raúl tenia un gran inconveniente que no se podría sacar el carné para camiones hasta que tuviese 21 años, ¿Qué hacer entonces? El quería por encima de todo ser camionero y sabía que los camioneros eran doctos en mecánica una asignatura obligatoria para ser camionero, así que pensó que tenía prepararse lo antes posible para cuando llegára el momento saber mucho de mecánica y la mejor manera es buscar trabajo en un taller.

En menos de una semana Raúl encontró un taller de coches donde le daban trabajo a cambio de casi nada pero a él no le importaba con tal de aprender, en cuatro años podría tener el carnet y conduciría un camión.

Los dos primeros años en el taller Raúl no tocó una llave ni un destornillador, solo limpiar piezas con gasoil, a partir de ahí comenzó a desmontar pequeñas piezas y hacer las reparaciones más sencillas ya faltaba poco para los 21años y aún no sabía nada, a malas penas quitar ruedas y poco más.

Llegó el momento de sacarse el carnet, el renuncio a estudiar, entre otras cosas no creía que fuera bueno estudiando pues su mente estaba ocupada en todo momento por sus otros planes «las mujeres». Cuando le dieron los libros y le dijeron que tendría que estudiarlos y aprenderlos pensó que nunca podría, el no esperaba esos dos libros uno de normas y otro de mecánica, pero su motivación era tal que en pocos días pensó que estaba preparado para examinarse, el profesor de la autoescuela insistía en que aún era pronto pero él se empeñó y se presentó al examen con el resultado de todo aprobado sin un fallo, a los pocos días aprobó la circulación y las maniobras, era tal su ilusión que no se planteaba suspender entre otros motivos por qué no disponía mucho más dinero para clases pero sobretodo la prisa que tenía por conducir un camión.

Seguía con su obsesión por el género femenino pero ahora tenia otra prioridad, encontrar trabajo, con su edad tenía que ganar dinero, pues vivía al día y en algún momento tendría que formar una familia, cosa que veía lejos pero tarde o temprano tendría que hacer frente al hecho que debia abandonar la casa de sus padres y conseguir una propia.

Ya tenía la licencia para conducir camiones pero no tenía experiencia, se preguntó cómo buscar trabajo sin saber nada del oficio, lo solucionaría hablando con un amigo para que le dejase acompañar unos viajes con el fin de aprender las costumbres de los camioneros y alguna ruta, cuando fuese a pedir trabajo le diría al patrón que a pesar de tener el carnet poco tiempo conocia todas las rutas por hacer viajes con su padre que fue camionero el cual ya estaba retirado, cosa que era mentira.

Raúl fue a buscar trabajo en una empresa que él sabía de pocas exigencias, para comenzar estaría bien, los camiones estaban demasiado anticuados a demás de falta de mantenimiento los chóferes se quejaban de precariedad y escaso sueldo, pero para aprender le venía de perlas y por poco que le pagaran si el conseguía un puesto de conductor a parte de cumplir su largamente esperado sueño con el tiempo buscaría una empresa mejor.
Habló con su futuro patrón y se sorprendió que este apenas le exigió experiencia ni referencias, simplemente le pidió el carnet y al verlo fue suficiente para que le diera trabajo, le acompaño al patio y le mostró el camión que debía conducir, un viejo Iveco con una plataforma de arquillos y una lona remendada, las ruedas estaban visiblemente mal ralladas a parte de ser recauchutadas,
Raúl hizo un gesto de desaprobación pero si quería comenzar no le quedaba otro remedio que conformarse con lo que había.
Su primer viaje fue cargado de abono en sacos.

El destino estaba en una zona donde debía pasar por un puerto de montaña de primer orden, todo fue bien hasta que comenzó a subir el puerto, el comprobó que la aguja del indicador de temperatura subía más de la cuenta y no sabía qué hacer para bajarla, si intentaba cambiar de marcha para reducir talvez no fuese lo suficientemente rápido por la fuerte pendiente de subida por lo que el camión se podría parar en medio de la subida así que siguió pisando fuerte y a malas penas llegó arriba con la temperatura al rojo y el motor renqueando, entonces vio la descomunal bajada, muy resuelto se dejó caer y cuando adelantó un par de camiones de dio cuenta que tenía que reducir velocidad o llegaría el momento en que ya no fuera posible, el Iveco contaba con freno motor pero él no sabía que ese freno solo es efectivo en marchas muy cortas y aún así deja mucho que desear.

Comenzó a abusar de los frenos el camión bajaba más rápido por momentos él seguía pisando frenos cuando por el retrovisor vio una bruma inquietante que parecía salir de su plataforma al mismo tiempo la aguja del indicador de presión de aire estaba en la zona roja y no se recuperaba el sabía que sin aire no había frenos, pero no sabía que tenía los forros cristalizados y aún con la presión de aire correcta no frenaría.

La cabina comenzó a saltar por el exceso de velocidad y el empuje del semirremolque cargado.

Era difícil mantener el camión sobre el carril, Raúl estaba enormemente asustado no sabía qué hacer, incluso pensó en saltar pero posiblemente la gabarra le pasase por encima con funestas consecuencias.

El trailer era incontrolable, la única solución pasaba por que el infierno que era esa rampa se acabase, pero recordó que alguien le dijo que lo mejor en este caso era atestar el camión contra la pared del monte y aunque se destrozara por ese lado frenaría hasta parar o cuando menos lo suficiente para abandonar la cabina.

Apremiado por salvar la vida se dispuso a entrar en la cuneta justo cuando el testero de la montaña se acercaba por su derecha, de repente el camión comenzó a amirorar la marcha, la pendiente se acabó, el, que no conocia la ruta no se percató que a partir de un punto ya no empujaba la carga y todo transcurría normalmente, pasados unos pocos kilómetros paró en un restaurante y ni se molestó en mirar los frenos ni nada que tuviese que ver con la experiencia que acavaba de pasar, llamó a su empresa para decir que ya no seguía con el viaje, que alguien viniese por el camión.
El ya no se consideraba camionero, en realidad nunca lo fue…

 

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